Archivos para diciembre, 2012

La importancia del combo

Publicado: diciembre 28, 2012 en Uncategorized
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El otro día fui a llevar comida para los loritos incautados en el Chaco.

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Son un poco más de 200, y una buena parte de ellos ni siquiera tiene plumaje, de tan jóvenes que son. Vi fotos de los avances, pude ver niños loros de hermoso plumaje y robusta consistencia, saltando sobre sandías, mirando por las ventanas esperando el  momento exacto para volver a ese lugar que prácticamente no recuerdan, pero al que saben que pertenecen.

Al volver a casa, expresé estos sentimientos a mi mamá, y ella los compartió conmigo. Nos sentíamos bien de que aún haya gente a la que le importa la fauna. Acto seguido, con una sonrisa divina y una expresión de inocencia, me dijo “Yo pensé que ibas a traer uno para tu sobrino”. Esperá, ¿qué iba a qué? “Y sí, a traer un lorito para que viva acá”. Le expliqué que eso, contrariamente a nuestro sentimiento anterior, estaba mal. “La gente no puede tener loritos, mamá”, le expliqué. “Por eso los indios los cazan de tan jóvenes. Después muchos de los pajaritos mueren por roturas múltiples, otros por el calor, otros pierden la capacidad de la vista debido a los maltratos.  Son salvajes. Uno no les corta las alas. Cortémosle nomás las patas a la perrita, así se queda para siempre en la pieza y deja de orinar dentro de la casa”.

Mi mamá me observó. Un minuto después, me dijo “Sí, pero acá va a tener amor, pues”. Ahora era yo quien la observaba. De pronto, me di cuenta que no era ella el problema. Porque… ¿Cómo decirlo? Conocen el término “conciencia colectiva“, ¿no? Bueno, ésta es la “contrariedad colectiva”, y está aferrada a nosotros como los bichos de Invasion of the Body Snatchers.

¿Se dieron cuenta de cómo la gente se queja y sufre con el tráfico? Después suben a su auto y van a 14 km/h, con una cola atrás suyo más larga que en fiesta de año nuevo. Esa gente amiga nuestra, que va por las calles y simula una lágrima al ver la suciedad y la basura. Entonces, se come un chocolate por la ansiedad, o se toma una cerveza para mitigar esas penas –mientras maneja, encima-, y el envoltorio o la latita sale volando de su ventana. Esa persona actúa igual a mi mamá, o actúa igual a esa gente que le da “like” y “compartir” a las páginas del Facebook con títulos como Liberar al Tíbet, Salvar a las hormigas akangó, Adoptar murciélagos africanos, o Ayudar a que le levanten el sueldo a un niño filipino que fabricó tus zapatos favoritos. Y nunca, jamás, se mueve de su silla, de su cama; y no se acerca ni un centímetro más a su billetera.

No pasás desapercibido haciendo esas cosas. Al contrario, es tan llamativo que se vuelve molestoso. Porque, a pesar de que las palabras son de lo más hermoso que existe, siempre tienen que estar acompañadas de una acción. Es como un combo de comida rápida. Y seamos sinceros, si hablás y pedís un sándwich triple con pepinos, acompañado de papas grandes y gaseosa, y recibís una hamburguesa anoréxica, ¿qué vas a hacer? ¿le vas a dar “no me gusta” a la página de esa marca, o le vas a decir a el/la cajero/a, “esperame na un poco, amiwo. He detectado aquí un problema”?

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Tomate tu tiempo (o no)

Publicado: diciembre 12, 2012 en Uncategorized
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El tiempo es algo que surgió cuando un montón de gente, alguna vez hace mucho tiempo, tenía a su vida tan metida dentro del desorden, el escritorio tan lleno de post-its, y tantos trabajos pendientes para ayer (y ni siquiera existía aún el concepto de “ayer”, imaginate vos), que dijeron “¡Hora, profe!”. Se hicieron cálculos, los sabios de sus épocas discutieron, se sacrificaron un par de cabras vírgenes y, al final, toda esta ecuación dio un resultado. Es nuestra concepción del tiempo. Hora, fecha, pasado mañana, el año que viene, la segunda botella, etcétera. Y el reloj es Dios.
 
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Lo mejor que pasó en este mundo desde que este blog no publica, es filosoraptor.

Viéndolo de esa manera, el tiempo sirve para dos cosas, ni menos ni más. La primera, es para organizarse. La segunda, como excusa para no hacer lo que sabés que tenés que hacer. La tercera (¡¿de dónde saliste vos?!), para complicar la trama de Lost y Fringe.

Es terriblemente necesario que ese segundo uso del tiempo, desaparezca. Especialmente cuando las cosas pospuestas son las necesidades de tu lado creativo. Componé, escribí, fotografía, filmá, pintá, construí. Creá. Ahora. Porque si no lo hacés, da lo mismo que hagas nada. No existe otro momento para hacer las cosas, date cuenta de lo afortunado/a que sos, de las posibilidades que tenés y de cómo en las excusas no se esconde nada más que un futuro caudillo político, hurrero de profesión, dueño de una agencia de modelos y una empresa de reciclaje de toallitas femeninas convertidas en pasta dental.

El único verdadero obstáculo entre vos y esa obra de arte que deseás terminar, es ese reflejo de poner excusas. Es como este abismo oscuro, infinito, lleno de inmundicia y olores y Rubén Darío Da Rosa. Como cuando entrás al baño de tu oficina. Y no da gusto. Probá, probate a vos, por una semana, sin ponerte excusas para estas cosas. Probá y decime si fue algo genial, o fue todo onda Yingo nomás.

Por eso, este blog vuelve, y va a tratar de mantenerse a un buen ritmo. Y es gracias a Clive Barker y su charla en el festival de cine de terror y fantasía Sitges 2009, desde el minuto 14:06. De hecho, recomiendo toda la charla, realmente, pero fue esta partecita la que volvió a despertar ese nosequé que sale de nosedónde.

Hoy es el 12 de diciembre del año 2012, y son las 12:00. Y nada va a pasar. Las cosas sólo van a pasar cuando dejes de olerte el ombligo, y trabajes.

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