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La importancia del combo

Publicado: diciembre 28, 2012 en Uncategorized
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El otro día fui a llevar comida para los loritos incautados en el Chaco.

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Son un poco más de 200, y una buena parte de ellos ni siquiera tiene plumaje, de tan jóvenes que son. Vi fotos de los avances, pude ver niños loros de hermoso plumaje y robusta consistencia, saltando sobre sandías, mirando por las ventanas esperando el  momento exacto para volver a ese lugar que prácticamente no recuerdan, pero al que saben que pertenecen.

Al volver a casa, expresé estos sentimientos a mi mamá, y ella los compartió conmigo. Nos sentíamos bien de que aún haya gente a la que le importa la fauna. Acto seguido, con una sonrisa divina y una expresión de inocencia, me dijo “Yo pensé que ibas a traer uno para tu sobrino”. Esperá, ¿qué iba a qué? “Y sí, a traer un lorito para que viva acá”. Le expliqué que eso, contrariamente a nuestro sentimiento anterior, estaba mal. “La gente no puede tener loritos, mamá”, le expliqué. “Por eso los indios los cazan de tan jóvenes. Después muchos de los pajaritos mueren por roturas múltiples, otros por el calor, otros pierden la capacidad de la vista debido a los maltratos.  Son salvajes. Uno no les corta las alas. Cortémosle nomás las patas a la perrita, así se queda para siempre en la pieza y deja de orinar dentro de la casa”.

Mi mamá me observó. Un minuto después, me dijo “Sí, pero acá va a tener amor, pues”. Ahora era yo quien la observaba. De pronto, me di cuenta que no era ella el problema. Porque… ¿Cómo decirlo? Conocen el término “conciencia colectiva“, ¿no? Bueno, ésta es la “contrariedad colectiva”, y está aferrada a nosotros como los bichos de Invasion of the Body Snatchers.

¿Se dieron cuenta de cómo la gente se queja y sufre con el tráfico? Después suben a su auto y van a 14 km/h, con una cola atrás suyo más larga que en fiesta de año nuevo. Esa gente amiga nuestra, que va por las calles y simula una lágrima al ver la suciedad y la basura. Entonces, se come un chocolate por la ansiedad, o se toma una cerveza para mitigar esas penas –mientras maneja, encima-, y el envoltorio o la latita sale volando de su ventana. Esa persona actúa igual a mi mamá, o actúa igual a esa gente que le da “like” y “compartir” a las páginas del Facebook con títulos como Liberar al Tíbet, Salvar a las hormigas akangó, Adoptar murciélagos africanos, o Ayudar a que le levanten el sueldo a un niño filipino que fabricó tus zapatos favoritos. Y nunca, jamás, se mueve de su silla, de su cama; y no se acerca ni un centímetro más a su billetera.

No pasás desapercibido haciendo esas cosas. Al contrario, es tan llamativo que se vuelve molestoso. Porque, a pesar de que las palabras son de lo más hermoso que existe, siempre tienen que estar acompañadas de una acción. Es como un combo de comida rápida. Y seamos sinceros, si hablás y pedís un sándwich triple con pepinos, acompañado de papas grandes y gaseosa, y recibís una hamburguesa anoréxica, ¿qué vas a hacer? ¿le vas a dar “no me gusta” a la página de esa marca, o le vas a decir a el/la cajero/a, “esperame na un poco, amiwo. He detectado aquí un problema”?

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Tomate tu tiempo (o no)

Publicado: diciembre 12, 2012 en Uncategorized
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El tiempo es algo que surgió cuando un montón de gente, alguna vez hace mucho tiempo, tenía a su vida tan metida dentro del desorden, el escritorio tan lleno de post-its, y tantos trabajos pendientes para ayer (y ni siquiera existía aún el concepto de “ayer”, imaginate vos), que dijeron “¡Hora, profe!”. Se hicieron cálculos, los sabios de sus épocas discutieron, se sacrificaron un par de cabras vírgenes y, al final, toda esta ecuación dio un resultado. Es nuestra concepción del tiempo. Hora, fecha, pasado mañana, el año que viene, la segunda botella, etcétera. Y el reloj es Dios.
 
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Lo mejor que pasó en este mundo desde que este blog no publica, es filosoraptor.

Viéndolo de esa manera, el tiempo sirve para dos cosas, ni menos ni más. La primera, es para organizarse. La segunda, como excusa para no hacer lo que sabés que tenés que hacer. La tercera (¡¿de dónde saliste vos?!), para complicar la trama de Lost y Fringe.

Es terriblemente necesario que ese segundo uso del tiempo, desaparezca. Especialmente cuando las cosas pospuestas son las necesidades de tu lado creativo. Componé, escribí, fotografía, filmá, pintá, construí. Creá. Ahora. Porque si no lo hacés, da lo mismo que hagas nada. No existe otro momento para hacer las cosas, date cuenta de lo afortunado/a que sos, de las posibilidades que tenés y de cómo en las excusas no se esconde nada más que un futuro caudillo político, hurrero de profesión, dueño de una agencia de modelos y una empresa de reciclaje de toallitas femeninas convertidas en pasta dental.

El único verdadero obstáculo entre vos y esa obra de arte que deseás terminar, es ese reflejo de poner excusas. Es como este abismo oscuro, infinito, lleno de inmundicia y olores y Rubén Darío Da Rosa. Como cuando entrás al baño de tu oficina. Y no da gusto. Probá, probate a vos, por una semana, sin ponerte excusas para estas cosas. Probá y decime si fue algo genial, o fue todo onda Yingo nomás.

Por eso, este blog vuelve, y va a tratar de mantenerse a un buen ritmo. Y es gracias a Clive Barker y su charla en el festival de cine de terror y fantasía Sitges 2009, desde el minuto 14:06. De hecho, recomiendo toda la charla, realmente, pero fue esta partecita la que volvió a despertar ese nosequé que sale de nosedónde.

Hoy es el 12 de diciembre del año 2012, y son las 12:00. Y nada va a pasar. Las cosas sólo van a pasar cuando dejes de olerte el ombligo, y trabajes.

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Esos que no son el Lido

Publicado: mayo 4, 2011 en Uncategorized

"El amor más sincero es aquél que sentimos por la comida", dijo Bernard Shaw, el hombre que no conoció el delivery paraguayo.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Oh, sí. El domingo, anteayer, me levanté algo más malhumorado y peleado conmigo mismo que de costumbre. Bajé las escaleras, sin bañarme o peinarme -bah!-, y llegué al comedor. “Para las 12 pedí el delivery de la Fina Stampa,  elegí varias clases de pastas” me dijo algún miembro de mi familia, con sonrisas y optimismo -puaj!-. (Las sonrisas y el optimismo, no las pastas).

Eran las 12:35 y la comida no había llegado. “No te apures tanto, seguro tienen otros trabajos”, dijo mi hermana.

A las 12:49 llamaron de La Fina Stampa a confirmar el pedido -que era uno inventado por ellos, no el que fue hecho por mi familia- que alcanzaba 500.000 guaraníes. Decidí que la mejor respuesta era darme una ducha y soñar con un mundo donde los deliverys cumplen y forman una Liga de la Justicia para combatir la hambruna mundial… La hambruna de la gente que puede pagar sus comidas, claro.

Finalmente, el domingo almorcé a las 13:44. ¿Te parece normal? Bueno, a mi no. Me parece algo lleno de frustración de mechupaunhuevomicliente que me hace sentir como atacado por un enano en celo. Pero esta no fue la primera vez (del mal servicio, no del pequeño sodomizador).  Un par de domingos atrás, en mi casa decidieron probar “algo nuevo y rico”, entonces llamaron a La Miga. Genial, ¿no? No, para nada. Las pastas llegaron frías. Y no uso la palabra fría solo para tratar de explicar que no estaban calientes. Estaban realmente frías, tanto que puse 3 capelettis en mi vaso y me serví gaseosa. ¿Lo peor? Era más rico que el hielo normal. No aceptaron quejas, cambios, mimos, ni nada. Bueno, la plata sí aceptaron, pero el servicio dado no fue el prometido. Faltó la otra parte del trato. ¿Alguien puede decir “chantaje”?

El problema es real, está creciendo y molesta mucho. ¿Cuál podría ser la solución? Bueno, al instante pensé que era la misma solución de todos los otros problemas del mundo (o de mi mundo, al menos). Me refiero, obviamente, a Burger King. Ese superhéroe que me salva cuando yo, indefensa damicela, soy atacada por los malvados servicios gastronómicos mediocres y ladrones que buscan conquistar el mundo para convertirlo en harina, que se usará para cocinar un plato horrible, que será entregado 3 horas más tarde de lo establecido. Y al final, pondrán en su fachada, por debajo del nombre del local: “Excelencia en nuestros servicios”. Claro que sí, ajá.

Entonces, ahí estaba yo. La barba crecida, la panza ruidosa, los ojos semicerrados y la boca escondiendo groserías. Mi cerebro ya saboreaba esas saladas papas fritas. El gusto de la enorme carne de la hamburguesa, el exceso de queso y las verduras de shopping -con el genial toque del pepino de plástico-, ya recorría mi lóbulo colesteral -no es un error ortográfico, yo tengo ese lóbulo-. Sólo tenía que esperar 45 minutos. Eso fue lo que dijo la chica, “su pedido llegaría en 45 minutos, señor Cantero. ¡Muchas gracias!”. ¿Por qué era tan amable? ¿Por qué? Hubiese preferido que me diga “su pedido podría llegar a tardar hasta 2 horas, señor Quenuncacomesano. Pero le prometo que valdrá la pena”, o “¿por qué no prueba con McDonald’s?”. Pero no. Me mintieron, me TUVIERON que mentir, una vez más. Cancelé el pedido, antes de que pase tanto tiempo que termine evolucionando a un ser sin piernas, sexo ni pelos, con ojos ciegos, que se comunica mediante la mente y se alimenta de las bacterias del suelo usando ventosas en las palmas de las manos.

Frustrado, triste y engañado decidí ir con los muchachos a Pancholo’s. El bueno y viejo de Pancholo’s, ese al que dejaste no sabes por qué, ya que siempre cumplió contigo. Aquél, que te obligaba a repetir la definición de “y sería algo así como el McDonald’s paraguayo”. Pancholo’s… ¡Qué buen lugar era! ¿Por qué lo dejé? Épicas noches con mi hermano mayor, cuando 2, 3, y hasta 6 Guazucholo’s caían en nuestras garras y eran enviados al peor de los agujeros negros que la naturaleza pudo crear. ¡Cómo disfrutábamos! Sí, Pancholo’s era la salida de esta pesadilla comestible que no podía comer porque nunca llegaba a materializarse. Había un único problema…

¿Y Pancholo’s adónde fue? Lo que encontré no se parecía en nada a lo que yo recordaba. Bueno, estaba el lorito insoportable con su tereré, sí. Pero al resto parece que se lo comió el bicho de Cloverfield y lo defecó ahí mismo, y se quedó con forma de balneario/restaurante de favela rechazada. No habían empleados. Creo que había una sola chica que te tomaba el pedido, te cobraba, después se cambiaba de ropa y te servía la gaseosa, después se volvía a cambiar y preparaba las papas y hamburguesas, se cambiaba una vez más y te los daba en bandeja. Como si fuera que me va a engañar… (Aclaro que todo ese proceso resumido en pocas palabras, tomó más de lo que parece. Como 1 hora y media). Las salsas -tan adorables en su época- eran un caldo de algo rojo, moscas, y pedacitos de servilletas. Visualmente, no encontré diferencia entre mi Guazucholo’s y una bosta de toro Hereford. Del gusto no me puedo quejar, porque no tenía ninguno. Eran las 23:15, cuando declaré la muerte de Pancholo’s.

Son ejemplos de algo que se quiere volver costumbre, pero que no podemos permitir. La lista de lugares sigue, y van desde Café Bohemia a McDonald’s, pasando también por Pizza Hut y llegando hasta La Vienesa.

Si algunas de estas personas se pichan, que se pichen y mueran en la espera de sus podridos deliverys. Pero la verdad es que cada uno de estos lugares llegó a tener algo, un plato, una bebida, un nosequé, que alguna vez nos atrapó a todos. Lo único que yo pido es que no se olviden de esos productos, de esa calidad, o de esa atención al cliente que les permitió crecer como un negocio rentable.

Y una cosa más, no son el Lido. Ese es el único lugar en el mundo que tiene permiso para tener una mala atención. Porque al menos, te lo retribuyen de otra forma. Pero ustedes no, no son el Lido.

¡Famoso el “famoso”!

Publicado: febrero 16, 2011 en Uncategorized

Oh, el horror...

Algo que todos acostumbramos decir es que “en Paraguay no hay celebridades”. Los que más se acercan son los deportistas; jugadores de fútbol que logran sobresalir en el exterior, o tenistas que… No (perdón, Ramón). En fin, los deportistas son mi obvio primer ejemplo de celebridad paraguaya. Aunque ellos alcancen el grado de “celebridad”, bajo la inquebrantable regla de que tienen que vivir fuera del país. Estúpido como los comentarios de Gabriel Cazenave, ya sé.

Los actores y músicos, por ejemplo, no van a llegar nunca a ser considerados celebridades en nuestro país. Es una triste realidad, algo así como Cerro. Esta es la parte que no comparto. No, no lo de Cerro, lo otro.

¿Por qué Andrea Quattrocchi no es una celebridad? O sea, sí, sale en tapa de TVO (puaj) y en programas televisivos, pero para esa gente (mayoría) que prefiere opinar primero y pensar después, “es una creída luego”, y “seguro que nunca estudió nada”, “se hace gua’u de la actriz esa”, y muchas más. Bueno, les tengo una noticia. ¿Listos? Ella ES actriz, y estudió mucho tiempo. Increíble, ¿no? Este es mi segundo ejemplo. Andrea Quattrocchi, celebridad de la televisión y el teatro. ¿Será que dicen lo mismo de Natalie Portman? “Esa luego tiene ahí para su Oscar y hasta al súper le lleva”.

Sigamos. ¿Qué? ¿Que ciertas modelos pueden ser consideradas celebridades? Sí… No.  Las modelos, bueno, las modelos no juegan luego. Ellas viven ahí en su mundo aparte, donde a ellas “les regalan nomás cosas”, y ninguna necesitó nunca vender su cuerpo, “yo ko no soy ni ún prostituta, no necesito luego cho. Trabajo RE bien. A esa otra lo que vo le tené que preguntar. Tipo re hendy tu pregunta”. Palabras suyas. ¡Pucha! ¡No te vaya na a pichá!

Y ahora, la parte que más me llamó la atención. La música. ¿Por qué no existen rockstars acá? Mi teoría es la que llamo La Teoría del Pequeño Pueblo. Como todos nos conocemos, y todos sabemos las cagadas de los demás, no podemos tener un rockstar. Porque el vocalista de Flou siempre está en la despensa comprando harina de maíz y palito salado, el guitarrista de Dokma es el que te pide un mil para el ñoño, y el bajista de Area 69 se sube a los micros a cantar. Tercer ejemplo.

Ojo, no estoy criticando esta actitud, solo estoy publicando los resultados de mi investigación de hace 37 años de perro

Acá HAY tele, acá HAY rock, acá HAY arte. Acá, en Paraguay, HAY celebridades. Solo que nos cuesta ver nomás. Cuesta, pero pongamos a un lado la paraguayidad podrida de la que sufrimos hace un tiempo y saquemos a la luz el ser paraguayos nomás. Criticar lo malo, mimar lo bueno.

Me despido con algo que poco o nada tiene que ver, pero vale la pena. Traído a nosotros por la magia del Facebook, nos llega este mensaje, ya automático candidato al Paraná de Mimbre:

Ruben Martinez GRANDE PRESI… ESO SOLO FUE POSIBLE GRACIAS A QUE TU NOS DEVOLVIO LA ILUSION…!!!

Como dice J.J. Bernabé: “Bue”

 

(Texto del Lunes 5 de abril del 2010, de cuando El Rock es así estaba en blogspot)

Mientras hay inundaciones y terremotos, yo estoy tomando una Pilsen en la vereda de mi casa.

Durante los deslizamientos de tierra y huracanas, yo estoy jugando fútbol. Mientras hay hambruna en el mundo, yo le tiro chipa a Carlos Torres (ladrón).

En el momento en que el mundo llora sus desastres, yo lloro el bajón que una vez más viene sufriendo Olimpia. Porque soy un indio con una Notebook. Hijo de Yakaré Valija y el Mcal López. Escucho Rebolver y La Secreta. Escupo a Roberto Carlos en la cara, en su estadio y no me importa. Soy la mosca que nunca va a dejar de molestar a Brasil. Si quiero, me gano un Cannes con un proyecto sin presupuesto. Agarro una guitarra y me confunden con Dios. Me voy a Boca y pongo en su lugar a Riquelme, a Palermo y a la argentinidad.

Tengo más plata de la que te podés imaginar. Yo cuento. Yo decido.

Vivo casi sin animales, con el agua apenas potable. Y sobrevivo. Y me las arreglo.

Recibo un balazo en la cabeza, y mientras el mundo entero llora mi muerte, yo me preparo para el Mundial. Para qué quiero un cerebro si tengo este corazón?

No hay un arquitecto sobre este planeta que me supere. Yo construyo sobre tu tierra. Mi calor humano te causa envidia, mi simpatía celos y mi sinceridad te deja boquiabierto. Me dicen campeón en corrupción, y aunque no sea cierto y exageren y hablen mal de mí para opacarme, yo intento superarme. Con tus listas. Tus estándares. Porque mi energía no se ve nunca superada por tus máquinas, por tus prohibiciones ni mucho menos por tus comentarios.

Me tenés miedo. Me respetás. Si yo levanto la voz, vos te callás y bajás la mirada.

Independizo países. Genero territorios nuevos. Soy el único en la historia que nació dos veces. Trataste de extinguirme, pero prevalezco. Siempre prevalezco. Porque no podés contra mí. Por eso, hago un gol y lo celebro con una danza de guerra. Porque soy un guerrero. Soy un soldado. Y por eso, prefiero morir a verme derrotado. Con la espada o con la pluma, no pierdo batallas. Puedo escribir palabras que te transportan a un mundo que nunca vas a vivir.

Triunfo donde quiera, cuando quiera. Te dije en la cara, en tu país, en tu casa, frente a tu familia, mil y una veces: “Soy el mejor. Soy el número 1… Seguro.” No intentes superarme. Sólo admiráme.

Hijo de la tierra roja y las naranjas, criado con mbejú, chipa yakaré y reviro. Soy el salvaje más glam que vas a encontrar. Soy el “nderakore”, el “mbochi!”, el “por qué pio?”, el “silla cable”, el “Romerito todos te quieren”, el “La mitákuña ko ichico porà sente nomás”, el “jaijue pete”, el “que pucha che ra’a”. Soy el letrado, el sucio, el que pone garra. Soy el que grita. Soy el que llora con los dientes apretados y tu cráneo en mis manos.

Soy el que necesita de su gente. Estoy hecho para mi tierra y mi pueblo. Soy el orgullo de la Naturaleza. Soy el centro. Me arrastro, me ensucio, me lastimo, pero siempre llego. Itaipú y Yacyretá no me reflejan. Crecí con mano de obra libre y patriota. Mi esposa y mis hijos van a defender mi cadáver con uñas y dientes. No busques problemas. No provoques al jaguareté. No juegues con el yakaré. No molestes al taguá.

Puedo amarte con toda mi alma.

No intentes cambiarme. No hay nada en qué mejorarme. Estoy por encima. No entenderías.

Amame.

Odiame.

Pero no me ignores. Ni lo intentes.

No podrías.

Los zombis no saben leer

Publicado: diciembre 23, 2010 en Uncategorized

No tiene mucho que ver, pero... Tiene nio que ver.

Sí, soy yo de nuevo. Sí, publico un nuevo post con la palabra “zombi” en el título. Simpático, escribí el título antes que el texto. Rompí una de las “leyes protocolares” de la redacción. Pero por supuesto, vos no sabes nada sobre eso, ¿no? Porque sos paraguayo. Ergo, sos estúpido. No lees.

Al menos, eso es lo que nos quieren meter en la cabeza.

Si nos ponemos a buscar estadísticas y datos sobre la venta de libros, o encuestas con preguntas como “¿cuántos libros leíste este año?” hechas en el centro de Asunción o, no sé, en Yaguareté Forest, los resultados van a ser apocalípticos. “Uno de cada 1 millón de paraguayos compra un libro por placer, cada década”, “los jóvenes paraguayos de hasta 27 años, leyeron en promedio – 23 libros en sus vidas”, y no va a faltar el clásico “los hombres saben leer menos, las mujeres escriben y compran menos libros, pero son los jaguá callejeros de la zona del microcentro los habitantes con mayor índice de lectura”. Todo un clásico, ¿verdad?

Bueno, esta clase de estadísticas tampoco mienten, ya sé. Los paraguayos no leen. Los zombies, tampoco. La diferencia está en que uno tiene un pedazo de carnaza de segunda en lugar de cerebro, y solamente camina por la vida persiguiendo lo que pueda comer, y el otro, es un muerto que revivió (turum, plá!). Gracias.

El paraguayo no es estúpido, sino que simplemente, podría ser más culto. Hey, ¿y por qué no? Ya no hace falta ni gastar mucha plata en libros, la mayoría los encontramos en internet. Revistas hay de sobra en peluquerías, hospitales, consultorios, y en el baño de mis padres. Prometo que hay temas de interés para TODOS. La lectura es un hábito, hay que ejercitarlo y de a poco se volverá una costumbre. Podés empezar leyendos artículos de Maxim o Playboy, en serio. Podés leer Harry Potter y Twilight también, que pucha. Hasta te puedo aceptar que leas “Eat, Pray, Love” traducido al español de Eshpaña si querés. En poquísimo tiempo tu vocabulario se va enriquecer, vas a poder opinar sin sonar como un Neanderthal enfermo en pañales y vas a querer devorarte otro libro. Pero un pasito a la vez.

Los cómics son altamente recomendables para los niños y pubertos, por ejemplo. Las Maxim y Playboy, no.

La posibilidad de crecer está ahí nomás, más servida que nunca. Todos salen ganando, vos incluido. Si solamente pensás en rugby, el Rally y en “las pendejas oluo que puta vao chupá y cogé puta y vao pearle a ese queroso oluo kore la camioneta de mi iejo maté porque estaba masiado en pedo oluo”, también podes leer. No, en serio. Podés papito. Metele pues, te va hacer muy bien.

Tené en cuenta que Calé lee. Y creo que su vocabulario rebuscado y sin sentido, especial para intimidar al ignorante, es la única virtud que posee este zombi moral, y la única razón por la que logró posicionarse en un lugar desde donde puede jugar como se le antoje con tu esfínter. Y él es solo uno de muchísimos ejemplos así. Aunque suene increíble, alguien decente en la posición de este ratasaurio podría hacer mucho bien a mucha gente. Podrías ser vos.

Creciendo así, algún día, si te descuidas y la Virgen quiere, o la no virgen también, y si se nos dá y todo sale bien, de por ahí, tengamos una industria literaria y todo. Trabajos, plata, cultura. ¿Qué más podés pedir?

Siempre con lo nacional como prioridad, te dejo esta tarea:

Buscá libros. Comprá libros. Lee libros.

O, si preferís ser un zombi, hacé como Juan Carlos Amoroso y Javier Torrente, y sé bien un zombi.

¡Oh, es moda, bebé!

Publicado: noviembre 16, 2010 en Uncategorized

El concepto de la moda está más que presente hoy en día, hasta en un cocido con coquito. Se suele decir que la moda es casi un instinto del ser humano, como el instinto de

"Un gigantolo's con extra bacon lo que es súper chic"

supervivencia, reproducción o de asustarnos de las novelas nacionales.

“Hasta los cavernícolas ya tenían sentido de la moda, cuando se imitaban los tapados de piel y peleaban por quién tenía el más lindo” me dijo una vez alguien, no me acuerdo más quién, quizá debido a la estupidez de su comentario (mamá, si fuiste vos, bola es, claro que me acuerdo y no fue estúpido tu comentario).

La verdad es que la moda no siempre estuvo con nosotros, porque vamos na, ningún cavernícola se preocupaba por pelear con el tigre dientes de sable “más lindo”, para tener más onda. Simplemente buscaban abrigarse y en algunos casos, buscaban los animales más grandes y peligrosos (hoy en día representados por Mazizo Torres, Jaeggli y por qué no el siempre bienvenido en este blog, Kike Casanova) para simbolizar su hombría y poderío. A Pedro Picapiedras no le importaba la moda. No, no, no. Tenía un dinosaurio de perro, a quién le importaría? Bueno ya, como me dice mi señora novia cuando me paso de divagues: “BASTA”.

La realidad de la moda data del siglo XVI en Francia. Cuando un emperador, príncipe, cacique, o si bien vamos al caso, “reina”, decretó una manera de vestir. Él y sus “diseñadores”, definirían la manera de vestir del pueblo, y cada tanto, cuando a él se le cante, esa tendencia cambiaría. A la gente le encantó (la gente de la alta sociedad europea, a los demás lo que les encantaba era comer cada tanto y no enfermarse de la plaga y morir con muecas feas).

Fue ahí que todo empezó. Fue un efecto peor que el de Larissa Riquelme en el mundial (hablando de eso, tengo una pregunta. Por qué siempre a Perú? Ahí nomás se va a “trabajar” ella. Que Playboy Brasil, que el diario Marca de España, que esto y aquello, pero siempre está en Perú ella. Y encima, le critican por gorda otra vez. Es posible, yo la conocí en una pollaa, señorita), y ese efecto se extendió por toda Europa rápidamente, de manera sorprendente. Y como siempre, algo que hoy es de “libre elección”, se inició como algo impuesto.

La moda evolucionó mucho a través de todo este tiempo y ahora es casi una expresión artística. Hoy, mucha gente opina que ya no hay nada que descubrir o inventar. Sólo renovar, sólo mejorar, sólo volver a traer lo anterior, pero adoptado a lo actual. La verdad es que yo no sé tanto del tema, pero sí se que en Paraguay la moda bien nuestra, de pura producción nacional, está naciendo y creciendo. Y es algo que vale la pena apoyar, y ojalá que eso esté de moda, y no ciertos desórdenes alimenticios para verte “más enferma, más fashion” o la súper moda creciente de los jóvenes de tener cero cultura general, pero muchos condones y camionetas chocadas de papá.

(Sí, a vos me refiero. Pelotudo).